Roma: advocati y jurisconsultos
La práctica jurídica romana se dividió claramente en dos: los advocati defendían casos en voz alta ante el tribunal, valorados más por la oratoria que por la técnica jurídica, mientras que los jurisconsultos —a menudo aficionados adinerados y no profesionales pagados— daban opiniones jurídicas doctas desde su casa, construyendo el cuerpo de interpretación que juristas posteriores como Ulpiano y Papiniano sistematizarían. El Corpus Juris Civilis de Justiniano (528–534) conservó esta sabiduría acumulada y se convirtió en el antecesor directo de la tradición de derecho civil de la Europa continental.