Libro1995
Longitude
Dava Sobel
El bestseller de Sobel contó la lucha de cuarenta años de John Harrison para ganar el premio de la longitud con sus cronómetros marinos y el reloj H4, contra la resistencia del establishment astronómico. Convirtió a un relojero del XVIII en héroe de masas y se adaptó a una película para televisión de 2000 con Michael Gambon como Harrison.
Cine1974
L'Horloger de Saint-Paul
Bertrand Tavernier
El debut de Tavernier, a partir de una novela de Georges Simenon, protagoniza a Philippe Noiret como un callado relojero de Lyon cuya vida de artesano asentado se trastoca cuando su hijo comete un asesinato. El relojero representa toda una ética — paciente, ordenada, apolítica — que la película luego desmonta; ganó el Oso de Plata en Berlín.
Cine2011
Hugo
Martin Scorsese
La película de cinco Óscar de Scorsese sigue a un huérfano que en secreto mantiene en marcha los relojes de una estación de París mientras restaura un autómata roto — la figura de relojería que escribe en el corazón de la historia. Situó el oficio horológico, con engranajes llenando la pantalla, en el centro de un blockbuster familiar mainstream.
Documental2015
The Watchmaker's Apprentice
David Armstrong
El documental registra la relación entre George Daniels, el maestro autodidacta que inventó el escape coaxial, y Roger Smith, el aprendiz que pasó años demostrando ser digno del taller de Daniels en la isla de Man — la historia definitoria de maestro y aprendiz del oficio moderno, contada por ambos hombres poco antes de la muerte de Daniels.
Novela2015
The Watchmaker of Filigree Street
Natasha Pulley
La novela bestseller de Pulley sitúa a un relojero japonés, Keita Mori, en el Londres de los años 1880, donde su relojería imposiblemente preclara atrae a un telegrafista del Home Office a un misterio. El libro se apoya en la auténtica fascinación victoriana por la artesanía japonesa e hizo del banco del relojero un escenario de fantasía literaria.
Libro1986
The Blind Watchmaker
Richard Dawkins
El clásico de Dawkins sobre la evolución toma su título del argumento de William Paley de 1802 de que un reloj hallado en un páramo implica un relojero, y que por tanto la naturaleza implica un diseñador. Dos siglos de teología y biología discutiendo a través de esta sola imagen muestran hasta qué punto el relojero penetró el pensamiento occidental como la figura misma del diseño con propósito.