Cuánto estatus tuvo la profesión en cada era, en escala 0–100.
Era pionera (1903–1914)Los primeros aviadores eran celebridades internacionales — el cruce del Canal de Blériot llenó portadas en todo el mundo — pero el oficio mismo era trabajo de feria: los voladores de exhibición cobraban por arriesgar la vida en público, y muchos cumplían. La fama era enorme; la respetabilidad, no.
Primera Guerra Mundial (1914–1918)La propaganda convirtió a los pilotos de caza en «caballeros del aire» — caballerescos, individuales, interminablemente condecorados — aunque la mayor parte del vuelo militar era frío y peligroso reconocimiento de artillería. El as se convirtió en el primer arquetipo de piloto, y morir joven formó parte de su glamour.
Edad de oro (1919–1939)Los batidores de récords como Lindbergh, Earhart y Amy Johnson eran asaltados por multitudes de cientos de miles, entre las personas más famosas del planeta. El vuelo de línea, mientras tanto, se profesionalizó a su sombra, tomando uniformes navales precisamente para parecer fiable más que heroico.
Comandante de la era del jet (1950s–1970s)El comandante de aerolínea se convirtió en icono cultural de competencia y frialdad — bien pagado, saludado en terminales, la figura que toda una generación de niños quería ser. Los comandantes de Pan Am eran pequeña aristocracia del siglo estadounidense; el uniforme solo ya cargaba autoridad.
De la desregulación a hoy (1978–present)La desregulación aérea, las quiebras y los recortes salariales posteriores a 2001 despojaron gran parte del misticismo, y los pilotos se convirtieron en profesionales sindicalizados que negocian como cualquier otro. El prestigio sigue alto — las encuestas aún sitúan a los pilotos entre las profesiones más confiables — pero la era del semidiós terminó, aunque los récords salariales pospandemia regresaron en silencio.