Un nombre de lugar es un dispositivo público de memoria. Puede sobrevivir a la lengua que lo acuñó, por eso un mapa es una ruina etimológica además de una herramienta de navegación.
La toponimia estudia esas ruinas: celta bajo el inglés, ainu bajo el japonés, nombres indígenas bajo el inglés y el español coloniales. Renombrar es una de las leyes de nombres más visibles que existen. En el mundo hispano, San-/Santa- y los dos apellidos de una calle conmemorativa son capas, no un destino.
Esta página se queda con los lugares. No tratará la etimología de un pueblo como una personalidad y no inventará una moda en vivo del «lugar más popular». El INE cuenta personas, no calles.
Perfil
Siete capitulos
Historia
Cómo los paisajes adquirieron nombres escritos — y cómo esos nombres se sobrescribieron.
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Ciencia
Cómo las toponimistas reconstruyen capas sin vender leyendas como hecho.
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Oficio
Leer y elegir nombres de lugar sin una etimología de souvenir.
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Cultura
Los mapas como literatura y como armas.
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Tendencias
Los nombres de lugar se mueven cuando se mueve la política, no cuando la ONS o el INE publican bebés.
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Voces
Toponimistas, juntas de nombres y quienes hicieron los mapas legibles como historia.
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El mundo
Regímenes de denominación de lugares que no son un mapa inglés.
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