Los milenios anónimos
El Senet, el Juego Real de Ur, el go, el ajedrez, el mancala y las cartas fueron diseñados por alguien y refinados por todos: los juegos se difundían y mutaban como el folklore, sin noción de un diseñador a quien acreditar. Cuando hay nombres, se asocian a codificadores y maestros más que a inventores. Los juegos de dados suscitaron sospecha religiosa y legal en muchas culturas, lo que mantuvo la fabricación de juegos como un oficio practicado en silencio más que como un título llevado con orgullo.