Nikola Karabatic
Thierry Omeyer
Estadística a estadística
Las barras se escalan respecto al líder de esta lista.
El veredicto
Empate total en las categorías medidas. Nuestro ranking histórico sitúa a Nikola Karabatic en el nº 1 y a Thierry Omeyer en el nº 7.
El caso de Nikola Karabatic
El jugador más laureado que ha dado el deporte y lo más cercano a una elección de consenso. A lo largo de 22 temporadas, Karabatic ganó tres oros olímpicos (2008, 2012 y 2020), cuatro Mundiales (2009, 2011, 2015 y 2017) y tres Eurocopas (2006, 2010 y 2014) con Francia, además de la Champions League con tres clubes distintos: Montpellier, THW Kiel y Barcelona. Fue nombrado Jugador del Año de la IHF tres veces, en 2007, 2014 y 2016, un récord masculino que comparte con Mikkel Hansen. Nacido en Nis, hijo de un portero internacional yugoslavo que después entrenó en Francia, medía cerca de dos metros y podía jugar tanto de lateral izquierdo como de central al más alto nivel, razón por la que los entrenadores lo movían entre los dos puestos de segunda línea más exigentes sin perder nada. También defendía, algo inusual para un jugador de su valor ofensivo. Se retiró tras los Juegos de París 2024 con más de 300 internacionalidades y un palmarés que nadie en el balonmano ha igualado.
El caso de Thierry Omeyer
Nombrado sistemáticamente por sus compañeros como el mejor portero que ha tenido el deporte, y la columna vertebral de la selección más exitosa jamás reunida. Omeyer ganó el oro olímpico en 2008 y 2012 y la plata en 2016, cuatro Mundiales con Francia (2009, 2011, 2015 y 2017) y tres Eurocopas (2006, 2010 y 2014), y fue Jugador del Año de la IHF en 2008, un premio que los porteros casi nunca ganan. A nivel de clubes se llevó la Champions League cuatro veces, una con el Montpellier y tres con el THW Kiel, incluida la temporada 2011-12 en la que Kiel ganó los 34 partidos de su Bundesliga. Su método era minimalista: una postura baja y amplia, casi ningún compromiso anticipado, y la disposición a dejar visible un rincón para invitar al lanzamiento que ya tenía preparado. Solía terminar los grandes torneos con tasas de parada cercanas al cuarenta por ciento, el umbral informal que separa a un portero muy bueno de uno que gana torneos.