Cómo se desarrolló
Phil Taylor tenía 29 años y ganaba unas pocas libras a la semana en una fábrica de cerámica de Stoke-on-Trent. Quien lo hizo profesional fue su rival en la final, Eric Bristow. Bristow detectó el talento, le prestó 10.000 libras para dejar el trabajo y centrarse en la práctica, y Taylor entró en el torneo a 125-1 con ese dinero. Bristow era ya la mayor estrella del deporte, con cinco mundiales, pero sufría dartitis, que empezaba a trabarle el soltar el dardo, y ya no era el jugador de mediados de los ochenta. El partido fue unilateral. Taylor ganó 6-1 su primer mundial, y la relación mentor-protegido, mecenas-mecenado, se invirtió en el acto. Bristow llegó a dos finales más en 1990 y 1991 pero no volvió a ganar un mundial, mientras Taylor acumuló dieciséis entre aquel día y 2013.
Por qué aún importa
Es el inicio de un dominio casi sin precedentes en ningún deporte profesional. Desde ese día Taylor alcanzó 21 finales mundiales y ganó 16, encadenó ocho títulos de 1995 a 2002 y empujó el estándar de la media televisada de tres dardos de los 90 a los 100. Al mismo tiempo, este partido marcó el relevo de la generación que construyó el boom de los ochenta.