Viktor Axelsen
Tai Tzu-ying
Estadística a estadística
Las barras se escalan respecto al líder de esta lista.
El veredicto
Tai Tzu-ying domina 1 de 2 categorías. Nuestro ranking histórico sitúa a Viktor Axelsen en el nº 4 y a Tai Tzu-ying en el nº 9.
El caso de Viktor Axelsen
El dominador de los individuales masculinos de la década de 2020 y el mejor europeo desde la era amateur, Viktor Axelsen se convirtió en el primer hombre no asiático en décadas en reinar sobre el deporte por completo. El danés de 1,94 metros ganó el oro olímpico en Tokio 2020 y lo defendió en París 2024, y posee dos títulos mundiales (2017, 2022) además de coronas del All England en 2020 y 2022. Combinando un alcance colosal, un remate en salto pronunciado y una paciencia bien ganada, encadenó un período de dominio casi total alrededor de 2021 y 2022, perdiendo solo un puñado de partidos a lo largo de las temporadas. Fluido en mandarín y célebre por su profesionalidad, se trasladó a entrenar en altitud en Dubái para alargar su carrera. Sus rivalidades, con Kento Momota y, después, con un campo creciente de retadores asiáticos, han definido el panorama posterior a Lin Dan y han demostrado que la cima del deporte ya no es un monopolio asiático.
El caso de Tai Tzu-ying
Tai Tzu-ying es la mejor jugadora que nunca ganó un título individual grande, y quizá la ejecutante de golpes con mayor talento natural que ha dado el juego femenino. Ostentó el ranking número 1 del mundo durante un récord de 214 semanas y ganó más de 30 títulos, incluidas dos coronas consecutivas del All England (2017, 2018) y el World Tour Finals. Su bádminton se definía por un engaño escandaloso: disimulos con giro de muñeca, dejadas sin mirar y ángulos imposibles que dejaban a los rivales congelados en mitad de la pista. Sin embargo, el oro olímpico y mundial se le resistió: se llevó la plata en Tokio 2020, perdiendo ante Chen Yufei, y nunca ganó el Mundial pese a años de dominio. Retirada en 2024 tras lesiones persistentes, Tai Tzu deja un legado que no se mide en los títulos más grandes, sino en un estilo tan gozoso e ingenioso que amplió de forma permanente la imaginación de lo que podía ser el juego femenino.