Regla Torres
Giba
Estadística a estadística
Las barras se escalan respecto al líder de esta lista.
El veredicto
Empate total en las categorías medidas. Nuestro ranking histórico sitúa a Regla Torres en el nº 2 y a Giba en el nº 4.
El caso de Regla Torres
La mejor jugadora del siglo XX, según el reconocimiento oficial de la FIVB, y el motor de las 'Morenas del Caribe' cubanas. Central de una envergadura y una movilidad extraordinarias, Torres ganó tres medallas de oro olímpicas consecutivas -Barcelona 1992, Atlanta 1996 y Sídney 2000-, una hazaña inigualada en el voleibol de sala. Llegó al gran escenario siendo adolescente, convirtiéndose en una de las campeonas olímpicas de voleibol más jóvenes con apenas 16 años en 1992. Cuba conquistó también el Campeonato del Mundo en 1994 y 1998 y varias Copas del Mundo durante su reinado, construido sobre un atletismo y un bloqueo que arrollaban a selecciones europeas más altas y metódicas. Torres combinaba un ataque rápido devastador con el alcance para cerrar bloqueos en ambas bandas, redefiniendo lo que podía hacer una central. Durante gran parte de los años noventa Cuba apenas perdió nada que importara, y Torres fue su figura definitoria: el estándar con el que se ha medido a toda central desde entonces.
El caso de Giba
El carismático capitán de la era dorada de Brasil masculino y uno de los atacantes de banda más laureados de la historia. Gilberto Godoy Filho -universalmente conocido como Giba- llevó a Brasil al oro olímpico en Atenas 2004 y a la plata en Pekín 2008 y Londres 2012, mientras encabezaba los triunfos mundialistas de 2002, 2006 y 2010 y una larga racha de títulos de la World League y la Copa del Mundo bajo el entrenador Bernardinho. Rematador de banda dinámico y acrobático, con una recepción de saque de élite y un talento para el punto decisivo, fue nombrado MVP del Campeonato del Mundo de 2006. Durante aproximadamente una década Brasil fue el referente del deporte, y Giba fue su corazón, combinando la creatividad brasileña con una consistencia implacable. Su combinación de volumen de títulos importantes, longevidad a lo largo de cinco ciclos mundialistas y liderazgo en los mejores equipos de los años 2000 lo convierte en uno de los pocos jugadores capaces de rivalizar con el estándar histórico de sala marcado por Kiraly.