Sugar Ray Leonard
Julio Cesar Chavez
Estadística a estadística
Las barras se escalan respecto al líder de esta lista.
El veredicto
Julio Cesar Chavez domina 2 de 3 categorías. Nuestro ranking histórico sitúa a Sugar Ray Leonard en el nº 7 y a Julio Cesar Chavez en el nº 9.
El caso de Sugar Ray Leonard
La estrella definitoria de la edad dorada del boxeo de los años ochenta, Leonard terminó 36-3-1 con 25 nocauts y ganó títulos mundiales en cinco divisiones de peso. Medallista de oro olímpico en 1976, combinaba una velocidad de manos deslumbrante, espectáculo y, cuando era necesario, verdadero coraje y poder. Su grandeza se mide por sus rivales: venció a cada uno de los otros 'Cuatro Reyes', resistiendo a Thomas Hearns en un clásico wélter de 1981, quebrando a Roberto Duran en la revancha del No Mas y, lo más improbable, saliendo de un retiro de varios años y una lesión de retina para vencer por puntos al invicto y temible Marvin Hagler por el título mediano en 1987. Esa disposición a aceptar las peleas más difíciles, a menudo tras largas ausencias, y ganarlas define su legado. Peleó con menos frecuencia que los líderes en volumen de todos los tiempos, y algunos de sus veredictos fueron ajustados, pero pocos boxeadores han vencido a una concentración comparable de rivales del Salón de la Fama en su plenitud.
El caso de Julio Cesar Chavez
El mejor boxeador mexicano de la historia y uno de los mejores pegadores al cuerpo que han existido, Chavez estuvo invicto en sus primeras 90 peleas profesionales, una racha de 89-0-1 entre 1980 y 1994 que es de las más largas de la historia del boxeo. Terminó con un récord aproximado de 107-6-2 con 86 nocauts y ganó títulos mundiales en tres divisiones, superpluma, ligero y superligero. Ostenta el récord de más peleas de título mundial, 37, y de más victorias en peleas de título, 31. Sus noches emblemáticas incluyen la detención en el último segundo, casi milagrosa, en el asalto 12 ante Meldrick Taylor en 1990 con la pelea escapándosele, y una defensa de título ante unos 132.000 aficionados en el Estadio Azteca en 1993, un récord de asistencia en el boxeo. Su método, presión metódica, una mandíbula de granito y un trabajo despiadado al hígado y las costillas que quebraba a los rivales asalto a asalto, lo convirtió en héroe nacional en México y en un fijo en lo más alto de las listas libra por libra durante su plenitud.